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Señalética patrimonial y turismo cultural. La señal interpretativa: primeras reflexiones (4)

Desde una óptica turística es difícil establecer una definición de la señalética patrimonial interpretativa antes del statu quo actual, ya que debido a tal y como lo entendemos hoy en día, la señalética cultural es producto de la confluencia de dos factores: el paso del modelo fordista al neofordista, y la mezcla de los antecedentes de la tradición cultural de cada región. La gran demanda del turismo cultural ha cambiado el paradigma y el concepto de muchos equipamientos de recepción de turistas, como los museos, que siguen viviendo una transformación constante desde la bonanza de los 30 glorieuses (Francia) o la Golden Age (Inglaterra) que en España se traduciría en el Desarollismo de los años 60 (Schiele, 2010).

Vale la pena insistir en esta idea. Desde antes de los tiempos del Imperio Romano, las primeras señalizaciones de monumentos van ligadas a tumbas de hombres ilustres o lugares donde los ejércitos romanos ganaron importantes batallas. Ninguno de ellos, obviamente, pero, tenía finalidades turísticas. No es hasta la Ilustración (s. XVIII) en Francia, Inglaterra y Alemania, que se generalizó la idea de señalar con placas conmemorativas lugares y edificios con alguna particularidad especial, ya fuera porque había nacido algún personaje célebre, o porque habían significado algo notorio o especial. El romanticismo acentuó esta tendencia, y el tipo de placa, normalmente de bronce o mármol, con el nombre y los años de vida de alguien famoso, se eternizó hasta la llegada del fordismo.

El turismo de masas, especialmente el de sol y playa, crecido abundantemente en todo el mediterráneo a partir de la década de 1950, no prestó demasiada atención a una señalética más especializada. Ya que el interés principal de los viajes no era el turismo cultural, las primeras señalizaciones interpretativas tuvieron un cariz sensiblemente más pintoresco, con la utilización a menudo de materiales de apoyo emanados de las tradiciones locales. Para poner un ejemplo, la villa de Pals (Baix Empordà) hasta el año 2012 todavía estaba señalizada exclusivamente con plafones de cerámica. La sustitución de estos elementos “folclóricos” ha ido en favor de aplicar nuevos materiales en metal vinilado, pero últimamente se están poniendo en valor otra vez la capacidad de las particularidades locales a la hora de generar sistemas de señalética, a veces más personalizados: «Siendo éstas, un reflejo más, de la Imagen de marca que buscamos como firmo distintivo del Patrimonio. Materiales como el azulejo, la pieza de cerámica, la pizarra, la piedra tajada, el ladrillo, la forja.. sueño elementos que caracterizan nuestros entornos y de sobrada eficacia (durabilidad, economía, mantenimiento), como para ser utilizados, rehabilitados y recuperados en su uso, pudiendo constituir al mismo tiempo, un elemento efectivo de riqueza cultural del entorno que se presenta» (López, 2001).